lunes, 4 de abril de 2011

Mañana de domingo

Ayer salí por ahí y acabé pasando la noche y la mañana en casa de A. Ha sido una mañana de besos, mimos, caricias, besos, arrebatos, más besos, besos, besos... Me resulta muy extraño encontrarme tan agusto con alguien a quien apenas conozco. Sólo sé que me gusta, me gusta mucho este chico. Nos entendemos muy bien, es como si me conociera y supiera qué me gusta, dónde y en qué momento. Hemos hablado un montón para luego callarnos, nos hemos reído y puesto serios de nuevo, sin apartarnos las miradas, ahora con caricias dulces y delicadas, ahora con pasión descontrolada... y con besos, besos, besos... Esos que me hacían tanta falta y echaba tanto de menos.
He vuelto a casa con la sonrisa tonta en la cara, sin hambre y sin ápice de arrepentimiento. Y no es que esté enamorada ni mucho menos pero sí me gustaría que esta historia continuase de algún modo. Aunque sólo fuesen momentos, besos, siestas, noches...
Tengo tentaciones de escribirle un mensaje y decirle lo agusto que he estado con él pero tengo ese miedo irracional a ser rechazada, a haber sido sólo una más con la que no quiere repetir ya. No es la primera vez que nos vemos y en mi interior sé que hay cosas de él que me patinan, que no me encajan. Pero yo quiero sentirme como esta mañana más días y volver a casa con la sonrisa tonta, y que me acaricien justo en ese punto donde se marcan mis caderas y mis clavículas, a tocar su nuca y sus manos, a oler a él, a que me presten un pijama que me va grande, a que me abracen desde mi espalda, a que me suban la sábana para que no pase frío... Buffff... qué tontería llevo encima hoy... pero qué inyección de adrenalina y de autoestima supone esto para mí, gasolina para mis sonrisas. Mañana empieza semana dura. A ver si puedo actualizar algo y ojalá tenga cositas nuevas que contar sobre A.

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